Filosofía. “Perspectivas acerca del cuerpo”.

Autora: Lic. Olga Oro, Docente de Filosofía en la Lic. en Ed.Física y Deporte de la Universidad Maimónides, Profesora de Filosofía – Licenciada en Gestión Educativa – Doctoranda en Psicología Social,Coordinadora de Talleres y Tutora en Escuela Media.   

“Filosofía: perspectivas acerca del cuerpo.

Una integración posible”

Prof. Lic. Olga R. Oro

diotimaoro@gmail.com.ar
En la filosofía occidental el cuerpo, como otros temas, ha sido visto desde distintas perspectivas. En gran número de pensadores aparece subordinado a la dimensión interior o espiritual (Sócrates, cristianismo), en otros aparece directamente considerado como cárcel limitante para el despliegue de lo interior, como es el caso de Platón.

En el denominado dualismo, se define al hombre como compuesto por cuerpo y alma o mente-cuerpo, aunque los filósofos no siempre han podido explicar la vinculación entre ambos. Con Platón comienza esta perspectiva y en Descartes se acentúa al punto de proponer hipotéticamente la glándula pineal como sede de unión cuerpo-alma.

Posturas naturalistas modernas (sobre todo)  convierten al cuerpo en la única sustancia constitutiva del hombre, excluyendo toda otra dimensión interior (posturas positivistas antimetafísicas), como por ejemplo Spencer, el psicoanálisis, o en educación y más cercano en el tiempo, J. Dewey. El naturalismo sostiene que sólo existe el mundo físico material, por lo que suele desembocar en posturas biologistas mecanicistas respecto del cuerpo (La Mettrie).
Otras perspectivas tienden a la integración de las dimensiones que configuran a la persona. El cuerpo es considerado en ellas como constitutivo y en complementariedad con lo psicológico, lo espiritual y lo social. Tal es el caso de la logoterapia (en perspectiva existencialista) de Víktor E. Frankl o la perspectiva psicosomática.
El existencialismo como corriente filosófica del siglo XX considera al hombre como ser existente comprensible sólo teniendo en cuenta también su apertura al mundo, su relación con el contexto, con el aquí y ahora, con sus circunstancias. Por eso muchos de sus representantes reflexionan acerca del papel del cuerpo en la constitución del Yo.

Un ejemplo es Gabriel Marcel, pensador existencialista con perspectiva metafísica que bucea en el tema del ser. Fue pionero en la reflexión sobre la corporalidad en Francia, tema que será luego de máxima relevancia en el siglo XX. El problema del ser –afirma Marcel-  me afecta en tanto que yo soy, y si yo no soy, tampoco habría problema del ser. Esto pone de manifiesto que la pregunta filosófica por el ser y la pregunta por mi ser son inseparables, pues una implica a la otra.

Un misterio (el del Ser en general) participa del otro, el misterio del hombre y su ser. Ambos misterios comprometen al hombre, se presentan ante él aunque no puedan resolverse,  como sí sucede con los problemas. Y en este sentido Marcel habla de llamada. La llamada apunta hacia la interioridad y significa que la pregunta por el ser no puede encontrar respuesta en datos externos, sino que se indaga hacia dentro, y aunque el hombre no puede enfocarla de manera absoluta, sí se ocupa de ella en la construcción o creación de su propio ser personal. Considera que en el proceso de autopercepción,  que es el paso necesario para la construcción de nuestro autoconcepto, la imagen corporal ocupa, desde un punto de vista evolutivo, un lugar central. En Marcel la experiencia filosófica primaria está arraigada al hecho de que el yo está instalado en un cuerpo, el cuerpo es mi modo de ser en el mundo. Y desde él puedo pensarme, pensar al mundo, pensar el Ser.

Es la experiencia del cuerpo como sentido, percibido,  lo que le hace aparecer como mío y lo que le distingue de otros cuerpos, por tanto, es el punto de partida para tomar conciencia de quién soy, a la vez que la posibilidad de apertura a los otros. La sensación constituye la primera forma de participación en el ser, teniendo muy en cuenta que es una experiencia activa, es la experiencia más pura del recibir, de lo que Marcel con cierto énfasis denomina el yo soy. El cuerpo, por medio de la sensación me permite reconocerme, saber que existo, de ahí que Marcel insista en la intimidad que tiene lugar entre yo y mi cuerpo. Este es el modo como el yo está instalado en el mundo, permite saber que existimos, nos conecta con el mundo y fundamentalmente con los otros. Concluye entonces que existencia es apertura, intersubjetividad, no soledad del “Yo pienso” cartesiano.

En Marcel es central para definir al hombre la intersubjetividad. El “Yo soy” en plenitud de sentido es para él “Nosotros somos”, pero llega a esta conclusión a partir de indagar sobre la existencia corporal. Luego el descubrimiento de la intersubjetividad lo llevará a otras cuestiones e indagaciones tales como qué implica el compromiso (con lo trascendente), el papel de la confirmación de los otros, qué es la fidelidad, etc.

La construcción de la identidad es tema clave en Marcel (como en otros existencialistas) y la entiende como acción libre y vinculada al modo de relacionarnos no sólo con lo trascendente o metafísico (valores, Dios, etc.) sino a lo que nos rodea, las cosas en general. Y al propio cuerpo en particular con el cual se encuentra en relación de “pertenencia creadora”. Afirma “Yo soy mi cuerpo, pero no me identifico con él”, adentrándose en la cuestión ser-tener, que E. Fromm abordará luego, y que se vuelve preocupante en la sociedad del consumo masivo. Marcel no identifica “soy y cuerpo” porque desembocaría en un materialismo, tampoco accede a distinguirlos totalmente porque convertiría al cuerpo en instrumento del yo o del alma. Marcel el hombre es un “ser encarnado”, es decir, el cuerpo deja de ser un instrumento para convertirse en una dimensión fundamental de la identidad personal y del reconocimiento de “mi ser en el mundo”. Por tanto, el cuerpo no es algo que tengo, sino quien soy, aunque no todo lo que soy.
Avanzando en el tiempo, llegamos a nuestros días, a la postmodernidad,  donde el cuerpo es considerado fundamentalmente:

– De modo exaltado, con posibilidades infinitas explotadas por la publicidad.

-Acentuando su carácter sexual y su poder de seducción, sobre todo como manifestación de la aspiración a la autorrealización.

– En perspectiva esteticista, buscándose la belleza y la juventud indefinidamente. Pierde naturalidad: implantes, injertos, rediseños, hibridación. Exhibicionismo.

– Cosificado, manipulado, descartado dentro del consumismo.

– Como objeto de placer dentro del hedonismo omnipresente; fuente de experiencias “innovadoras”

– Objeto del mercado de la salud convertida en obsesión social, reducido a criterios cuantitativos, que se vuelven parámetros generadores de culpabilidad y de rechazo social.

Zygmunt Bauman, Anthony Giddens, Gilles Lipovetsky son pensadores que reflexionan sobre estas temáticas en la postmodernidad.
También, y en contraposición con miradas reductivas de lo corporal,  se observa en la actualidad una perspectiva integradora de las dimensiones de lo humano dentro de la denominada medicina psicosomática, que recibe fuertes críticas incluso dentro de la medicina donde prevalece la perspectiva exclusivamente biologista. La psicosomática sostiene que somos seres sentibles en los que pensamiento y sentimiento van juntos, actúan sobre el cuerpo, se influyen mutuamente. La vida ofrece factores estresores que generan sentimientos negativos que repercuten en el cuerpo y se manifiestan como enfermedades. Son factores de estrés los problemas cotidianos, los emocionales provenientes sobre todo de la infancia y las propias personalidades y sus elevadas expectativas. No son en sí mismos factores necesariamente negativos, pero deben ser abordados a nivel consiente para que no se conviertan en sentimientos negativos que repercutan sobre el cuerpo, sus manifestaciones y enfermedades. La reflexión profunda y el cambio de perspectivas y cosmovisiones puede ser clave como factor de salud y prevención. Como no existe una correlación directa entre la inteligencia y la madurez emocional, es necesario un trabajo sobre sí mismo para lograr el equilibrio y mantener la salud corporal (y psicológica),  aprender a “leer” los síntomas (enfermedades, posturas, limitaciones) como expresión de una realidad interior profunda y personal.

Dentro de la perspectiva psicosomática el cuerpo es considerado como fuente de información, registro de la interacción dentro-dentro y dentro-fuera. Relevar esa información es lo que Tolja y Speciani denominan “pensar con el cuerpo”. Los síntomas y las conductas corporales develan partes de nosotros que no podríamos conocer de otro modo, nos conectan con la totalidad de nuestro ser, son guías -afirman los autores mencionados- que permiten conocernos, superar disociaciones, integrar las dimensiones de la persona.

En la línea integrativa existencial y con aportes de la fenomenología, la concepción antropológica de la logoterapia de Víktor Frankl afirma que la dimensión física del hombre forma una totalidad con las dimensiones psicológica, espiritual y social. El cuerpo es considerado instrumento, junto con el psiquismo, para la manifestación de lo espiritual dentro del mundo en el cual la persona emplea su libertad para descubrir un sentido, comprometerse con él y realizarlo.

Desde perspectivas integrales como las presentadas, que consideran a la persona como una totalidad con dimensiones inseparables, el cuidado y la educación del cuerpo son valoradas y llevadas a cabo teniendo también en cuenta también las dimensiones de espacio y tiempo que pueden actuar como condicionantes o marco referencial para las diferentes intervenciones. Pero desde esta perspectiva no es posible considerar al cuerpo como un objeto, determinado  y sin libertad, manipulable y modificable. Por el contrario, sostiene la libertad de elección frente a visiones mecanicistas, y por ende el cuerpo tiene límites pero la persona puede ser consciente de ellos, ponerse al servicio de una finalidad valiosa, y entonces decidir superarlos. Es en la conjunción de esos dos elementos: el concepto o fin proyectado y el cuerpo sentido (conciencia corporal) ejecutándolo directamente, lo que nos proporciona la conciencia real de que estamos actuando, de que nosotros somos los actores conscientes de un hecho determinado.

El cuerpo también posee de sí mismo un conocimiento prerreflexivo, intuitivo, “cuerpo vivido” subjetivo, la denominada “sabiduría del cuerpo”, por la cual nos identificamos con él y lo sintamos propio. Este saber prerreflexivo se une a la conciencia, ambos toman decisiones para actuar en base a metas o fines dentro  del mundo real y objetivo en el que se desarrolla la existencia. Cuando actuamos la conciencia (pensamientos, ideas, fines)  forma una unidad con el cuerpo. Afirma R. Descartes “Cuando reflexiono sólo puedo ver la distinción entre el alma y el cuerpo, y únicamente a través de los sentidos y de la vida percibo claramente la unión”.

Detrás de los movimientos corporales existen pensamientos y decisiones que los guían. La habilidad es la capacidad de controlar el propio cuerpo siguiendo un plan, un concepto, un fin propuesto. Y el dominio reflexivo del cuerpo forma parte de la educación y es esencial para nuestro modo de ser humanos.
“Somos actores y agentes responsables de lo que planificamos y ejecutamos con nuestro cuerpo vivido y sentido como nuestro.”

  1. Rivera del Rosales

BIBLIOGRAFIA de referencia
FRANKL V.E. (2001). “las raíces de la logoterapia”. Escritos juveniles. Fundación Argentina de logoterapia “Víktor E. Frankl”. Buenos Aires.

BLESA ALEDO B.(2013)  “La identidad personal y el cuerpo en Gabriel Marcel”. Revista española de Educación. Versión digital.

LIPOVETSKY G. (2000) .”La era del vacío”. Anagrama, Barcelona.

RIVERA DE ROSALES J. (2006).  “Cuerpo y libertad. El experimento neurológico de Libet. UNED, Madrid.  Revista PENSAMIENTO, vol. 72 (2016), núm. 273 pp. 1019-1041. Digital.

SARNO J.E. (2006). “La mente dividida”. Sirio, Málaga (España).

TOLJA  J. y SPECIANI F. (2006) “Pensar con el cuerpo”. Del nuevo extremo, Buenos Aires.

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