Básquet: Primeros latidos

Asociación Cristiana de Jóvenes -YMCA

Hace un siglo, el 1º de marzo de 1912, se inauguró el gimnasio de la Asociación Cristiana de Jóvenes en Paseo Colón 161, Buenos Aires. Allí el profesor Philip Paul Phillips enseñó el nuevo juego. Intimidades de aquellos momentos pioneros de un deporte en un país que llegó a campeón mundial y olímpico.

El profesor Philip Paul Phillips arribó a Buenos Aires convocado para organizar y ser el primer director del Departamento de Educación Física de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Venía desde Pittsburg (Pennsylvania) y Sudáfrica, donde también había dirigido. Dentro de su equipaje, cuidadosamente guardadas, traía las reglas de juego de dos deportes nuevos surgidos en su institución: el básquetbol (nacido en 1891) y el vóleibol (nacido en 1895).

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MISTER Philip Paul Phillips

El primer juego ya se conocía en Sudamérica, porque el profesor Augusto Shaw, también norteamericano, lo hizo practicar por primera vez en 1894 en el Colegio Mackenzie de San Pablo.

La revista El Gráfico calificó a Phillips de “dinámico y capacitado profesor”. Como sus nombres y apellido sonaban raros de pronunciar y escuchar para sus discípulos, se optó por la simplificación en el trato coloquial: “Mister P. P.”.

El viernes 1º de marzo de 1912 la “IUMEN” inauguró su gimnasio en ya desaparecida sede de la avenida Paseo Colón 161, entre la calles Hipólito Yrigoyen (entonces Victoria) y Adolfo Alsina, donde hoy se encuentra la enorme estructura edilicia del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de la Nación, en la manzana siguiente a la Casa de Gobierno. Allí, una vez terminada la clase de gimnasia, Phillips impartió las primeras nociones de básquetbol. Aquí alguna vez se escribió evocando aquel momento: “Un montón de jóvenes, entre los que figuraban los entusiastas y los descreídos, aceptaban los rudimentos expuestos con toda paciencia por aquel profesor”. Pese a su condición de extranjero, a “Mister P. P.” también le gustaba entonar canciones criollas acompañándose con su guitarra. Su decir, no tan criollo como la canción, agregaba ese granito de sal que la tornaba pintoresca en las horas de ocio de las reuniones en campamentos. Mister Phillips lo sabía bien e intencionadamente repetía:

Nací en un bosque de cocoteros / una mañana del mes de abril; / y me pusieron en una hamaca / hecha de plumas de colibrí.

Mi padre fue mulato / y mi madre guaraní; / yo soy un cimarroncito / desde que nací…

La Young Men’s Christian Association, es decir la Asociación Cristiana de Jóvenes, se fundó en Londres (Inglaterra) el 6 de junio de 1844 por iniciativa de George Williams. Fue un obrero textil que luchó por mejorar las condiciones de trabajo, totalmente a destajo y que tenían jornadas diarias extenuantes entre 14/16 horas de duración. El origen fue la cuestión gremial, pero la Asociación fue expandiendo sus actividades y tuvo más tarde su explosión y su crecimiento a través de la enseñanza, la educación física y el deporte. Comenzó a aparecer en diferentes partes del mundo. En 1851 llegó a los Estados Unidos de América, con la apertura de la filial de Boston, en 1852 surgió en París (Francia) y en 1893 se conoció en Sudamérica al abrir sus puertas en Río de Janeiro (Brasil). Bertram A. Shuman creó el local de Buenos Aires (Argentina) el 6 de mayo de 1902. La sede central de nuestro país hoy se encuentra en Reconquista 439, en la Ciudad Autónoma.

La multiplicación internacional de la institución obligó a crear en 1855 la Alianza Mundial de Asociaciones Cristianas de Jóvenes. En la actualidad nuclea a 130 países y tiene su sede en Ginebra (Suiza).

“MISTER P. P.” NOS ENSEÑA

Phillips hacía de todo. Era un magnífico organizador. Formaba cuerpos de líderes. Dirigía sus clases. Enseñaba básquetbol, vóleibol, boxeo y esgrima. Realizaba ejercicios en aparatos con singular destreza y elegancia. Dibujaba acrobacia sobre colchones y gustaban sus saltos mortales y demás. De una clase salía disparando a otra, pero colocándose siempre la ropa adecuada. Era cuidadoso del detalle. Medido, firme, tolerante y justo, su ardua y polifacética actividad se desarrollaba con magnífica disposición y alegría contagiosa.

Veintidós años después de haber sido introducido en la Asociación Cristiana de Jóvenes porteña, el gran Félix Daniel Frascara le hizo un reportaje a Raúl C. Renault Bentz, un integrante del grupo pionero que aprendió a jugar al básquetbol gracias al magisterio de Mister Phillips. Se publicó en una doble página en el número 770 del 14 de abril de 1934. Frascarita puntualizó en el comienzo de su nota: “El basketball (escrito así) entró a nuestro país con el éxito inmediato de las cosas esperadas. Puede decirse que vino a llenar un vacío que hasta entonces no había sido advertido, pero que no por eso dejaba de existir. Juego de ritmo ágil, varonil y elegante, admitiendo la picardía y la rápida improvisación, hecho para imaginar gambetas y combinaciones en el más limitado espacio, fue enseguida ‘nuestro’ y se difundió por todo el país. Si se me permite trazar un paralelo con el ‘padre del fútbol’, debemos decir que ‘Mister Phillips fue el Watson Hutton del basketball’…”

Raúl C. Renault Bentz, el entrevistado, por su parte, dejó estos recuerdos:

-“Los muchachos de la Young Men’s recibimos el basketball con un entusiasmo furioso. De entrada no más, vimos que estaba destinado a difundirse de inmediato. Ese apasionamiento nos llevaba a ciertos excesos, como el de hacer partidos de una hora. Solamente el que juega básquetbol puede darse cuenta del estado en que quedábamos después de esos partidos. Sin embargo, no lo sentíamos mucho, entre otras cosas, porque íbamos a jugar con el cuerpo bien preparado en la clase de gimnasia que lo precedía”.

-“Mister Phillips enseñaba el basketball con toda conciencia. Interrumpía el juego para hacer observaciones. En un principio actuaba de director, animando a unos y otros. Más tarde, cuando pudo reunir a dos equipos, pasó a desempeñar las funciones de árbitro, sin perder su verdadera personalidad de profesor”.

– “En el primer momento, cuando empezamos, éramos diez o doce los alumnos de Mister Phillips. Jugábamos únicamente a lo ancho del gimnasio, al fondo. Una vez que empezamos a dominar el juego, nos largaron a toda la cancha. El basketball carece de los tonos pintorescos que suelen amenizar las historias de otros deportes, porque llegó a nosotros ya hecho, con todas sus reglas de juego, con las medidas ya establecidas”.

-“Mi agradecimiento para el gran profesor Phillips subsistirá mientras yo viva. Hizo conmigo una transformación que asombró a todos. Mi físico era, entonces, de lo más pobre que pueda imaginarse. Delgadísimo, desgarbado, flojo, insuficiente… Hasta padecía una desviación en la columna vertebral. Y fue Mister Phillips, con su paciencia admirable, con su calma y su voluntad contagiosas, con su profundo conocimiento de lo que enseñaba, quien me cambió por completo. Aquel muchacho privado de fuerzas que era yo, llegó en poco tiempo a ser jugador de basketball, remero ¡y jugador de rugby!”.

LA DIFUSION Y EL LEGADO

En esa época inicial solamente lo pudieron jugar los socios de la Asociación Cristiana de Jóvenes, porque eran los únicos que conocían el básquetbol. Dentro de la entidad, el auge fue creciente y comenzó a aumentar la cantidad de equipos internos: Alumni, América, Atahualpa, Buenos Aires, Endurance, Estudiantes, Huemac, Moloch, Nacional, Ñacurutú…

Borocotó, otro enorme periodista, contó aquí cómo se esparció: “Ocho años de dura labor dieron los primeros halagüeños resultados. De esos equipos que jugaban los torneos internos salieron quienes más tarde, cuando ya la vacuna había prendido, rebalsaron el gimnasio de la Y.M.C.A. y formaron los equipos de los clubes que el 26 de abril de 1921 constituyeron la Federación Argentina. Por caso: Hindú, Olimpia, Porteño, Universitario…”.

A partir de 1921 la obra de Mister Phillips fue continuada por su sucesor en la Asociación Cristiana de Jóvenes: el profesor Federico William Dickens, también norteamericano, llegado desde Philadelphia. Estuvo hasta 1928 y falleció en Washington, a los 84 años, el 5 de julio de 1974. ¿Se acuerdan de la famosa Copa Dickens, que se disputaba en el ámbito metropolitano? Fue en recordación de él.
Dickens manejó el concepto de la educación física moderna, incursionó mucho en el entrenamiento deportivo (en atletismo y natación estuvo con carácter nacional) y por su múltiple aporte está reconocido como un maestro del deporte argentino. El Instituto Superior de Educación Física Nº 2, de Curapaligüe 1150, en Buenos Aires, lleva su nombre como homenaje.

Un discípulo suyo, Alberto Regina, argentino, fallecido prematuramente a los 48 años en 1948, también contribuyó a la difusión y al desarrollo como hombre de la Asociación. Incluso fue director técnico de la Selección Argentina en cuatro Campeonatos Sudamericanos entre 1932 y 1940.
Aquel gimnasio de Paseo Colón 161 sirvió de cuna en nuestro país. Fue el escenario pionero para enseñar, aprender y jugar el nuevo juego. Desde allí el básquetbol se difundió rápidamente y explotó en toda la República Argentina.

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PRIMER PARTIDO del Campeonato Argentino: Santa Fe 18 – Córdoba 17.

 

Nota publicada en la edición marzo 2012 de la Revista El Gráfico.

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